Acerca de mí

- Nombre: Mario Vidal
- Ubicación: La Plata, pcia. de Buenos Aires, Argentina
Links
Archives
Breves relatos de un viaje que hice por América Latina a dedo durante todo 1971, escritos más de 30 años después.
16.9.04
Breve resumen del viaje
Jose Mario Vidal
La Plata, 30 de mayo de 2003
En 1971 teniendo 23 años decidí emprender un viaje por América Latina; las circunstancias que me llevaron a hacerlo no vienen al caso. Salí a mitad de enero y regresé el 23 de diciembre. Casi todo el viaje fue tirando dedo y las experiencias –tanto sufridas como disfrutadas- fueron muchas, de todos los colores y matices en una amalgama imposible de relatar siquiera en su menor parte; hace pocos años conté algunas a pedido de unos amigos. Han pasado más de 30 años y si bien la memoria me acompañaría fiel como siempre ya no podría ponerme a relatar ese muy largo viaje en su totalidad.
Salí de Wilde con una pequeña mochila donde llevaba un sólo juego de ropa, cuatro o cinco libros, una manta y 20 mapas. En el bolsillo pocos pesos y el ánimo y las ganas de conocer elevados a su máxima potencia.
Enfilé para Chile –era la época de Salvador Allende- y cruzando la cordillera en pocos días llegué a Santiago. Remonté Chile hacia el norte y entré al Perú; de ahí Arequipa y Cuzco. De esta última a Lima. Luego todo el norte de Perú y el Ecuador por la montaña. Colombia, Isla de San Andrés (Caribe), Panamá, varias idas y vueltas por ahí, y acosado por la nostalgia finalmente el regreso, sólo que en vez de bajar por Chile lo hice por Bolivia para acortar camino.
Aquí va entonces lo poco que escribí pasados muuuuchos años.
Mario
La Plata, 30 de mayo de 2003
En 1971 teniendo 23 años decidí emprender un viaje por América Latina; las circunstancias que me llevaron a hacerlo no vienen al caso. Salí a mitad de enero y regresé el 23 de diciembre. Casi todo el viaje fue tirando dedo y las experiencias –tanto sufridas como disfrutadas- fueron muchas, de todos los colores y matices en una amalgama imposible de relatar siquiera en su menor parte; hace pocos años conté algunas a pedido de unos amigos. Han pasado más de 30 años y si bien la memoria me acompañaría fiel como siempre ya no podría ponerme a relatar ese muy largo viaje en su totalidad.
Salí de Wilde con una pequeña mochila donde llevaba un sólo juego de ropa, cuatro o cinco libros, una manta y 20 mapas. En el bolsillo pocos pesos y el ánimo y las ganas de conocer elevados a su máxima potencia.
Enfilé para Chile –era la época de Salvador Allende- y cruzando la cordillera en pocos días llegué a Santiago. Remonté Chile hacia el norte y entré al Perú; de ahí Arequipa y Cuzco. De esta última a Lima. Luego todo el norte de Perú y el Ecuador por la montaña. Colombia, Isla de San Andrés (Caribe), Panamá, varias idas y vueltas por ahí, y acosado por la nostalgia finalmente el regreso, sólo que en vez de bajar por Chile lo hice por Bolivia para acortar camino.
Aquí va entonces lo poco que escribí pasados muuuuchos años.
Mario
Vendiendo mermeladas en Lima
>At 16:38 08/07/2000 -0300, you wrote: Llegué a Lima, capital de Peru, en marzo del 73. Tenía algunas direcciones en la libreta, algunas tuyas; En un primer momento me hospede en el barrio de Breña, en casa de conocidos mios y, mucho posteriormente, en la casa del judio fabricante de mermeladas. Jorge.
En mi caso pasé por el Perú en febrero del 71. Yendo en tren de Cuzco a Machu Pichu conocí a un pibe peruano que me ofreció trabajo cuando llegara a Lima. Su padre era fabricante de mermeladas y las daba para la venta callejera. Dicho y hecho.
Arribé a Lima sin un peso y enfilé para la calle Napo en el barrio de Breña. Me atendió un señor muy amable de nombre Salomón, un judío alto de pelo blanco y nariz partida. Enseguida hicimos trato y al día siguiente a las 7 de la mañana me apersoné en su casa.
Eramos un grupo de unos 15 muchachos y nuestra tarea consistía en vender por las calles las mermeladas que él producía en una fabriquita pegada a su casa. Me dio un bolso con 30 tarros y partí a ganarme el mango. Entré a timbrear casas y a ofrecerlas, con buen éxito. En una hora y media ya había liquidado la partida. Me las daba a 10 soles y se podían vender a 20, todo un negocio. Con 300 soles en el bolsillo me sentía Gardel, Lepera y todos los guitarristas. Enseguida me hice canchero. Ayudado por mi parla y el hecho de ser blanco y no tener acento peruano me convertí de la noche a la mañana en un diestro vendedor de mermeladas. Vecina a la que le apuntaba vecina que caía y me compraba el tarrito; era el primer vendedor en regresar con el deber cumplido, mucho antes que los otros peruanitos.
Trabajé una semana y me fui; duré poco porque quería seguir viaje. Quedé en muy buenos términos con Salomón y recuerdo una noche me invitó a su mesa, a cenar opíparamente.
Seguí viaje y remonté todo el Perú hasta el Ecuador. Pasé por Ecuador y seguí para Colombia. Después la isla de San Andrés y Panamá. Luego el regreso a mi patria con parada técnica en Lima. Mi pobre bolsillo pedía a gritos pasar por la calle Napo y me mandé para ahí. Iba con un amigo argentino, Juan Carlos Garialde, de Junin.
El judío me recibió con los brazos abiertos y me dio un adelanto en efectivo para que pudiera paliar el hambre que me acosaba. Yo pesaba 63 kilos y no los 90 de ahora. Andaba y andaba por Sudamérica comiendo aire y respirando bifes de chorizo que no podía oler.
Salimos con Juan y liquidamos las mermeladas en menos que canta un gallo. Era diciembre de 1971 y queríamos volver a la Argentina. A los dos días le pedimos a Salomón que en vez de 30 tarros fueran 50 y aceptó gustoso. Tres horas y regresábamos con el bolsito vacío, 500 soles para cada uno. Debo decirte Jorge que en esa época un empleado bancario ganaba unos 3000 soles mensuales. En dos semanas ya fuimos ricos y nuestro patrón bendecía la bandera Argentina.
Trabajamos para él tres semanas vendiéndole 100 frascos diarios, cifra superior a la que hacían los otros vendedores todos juntos ellos. Salomón no cabía en su asombro y varias veces nos ofreció compartir su mesa; no nos quería dejar ir. Más allá de lo que le hacíamos ganar nos había cobrado afecto y nos quería como a hijos.
Sabés qué hacíamos Jorge? -nos íbamos a la entrada de un supermercado y tipo que bajaba del auto, tipo que encarábamos. "Señor, disculpe, somos dos estudiantes argentinos que estamos haciendo un viaje cultural y nos ganamos el sustento vendiendo estas ricas mermeladas de Ica, si usted fuera tan amable y nos pudiera comprar una, se lo vamos a agradecer, ya que de esta manera podremos regresar con nuestras familias para pasar la Navidad con ellos".
A los 23 años uno puede hacer cualquier cosa. Chau! -no había nadie que se negara a comprarnos las mermeladas de Salomón; vendíamos cuanto queríamos y en tres horas liquidábamos el bolso. Fue tanta la guita ganada que me alcanzó para comprar regalos para toda la familia y volver a mi patria sin hacer dedo.
Ya regresado le escribí varias veces a mi empleador y alguna vez me contestó. No me habló de las mermeladas sino de lo contento que se quedó con nosotros y que su casa era la nuestra para cuando volviéramos al Perú. Si algún día llego a ir voy a ir a la calle Napo en Breña, a saludar a los hijos; no creo que lo encuentre ya a Salomón Schneider. Mario
PD: una vez fuimos con Juan a vender a El Callao y quedamos en hacer cuadra por cuadra, él por una vereda y yo por la otra. Terminada la venta nos encontrábamos en la esquina y arrancábamos con la otra cuadra. En una de esas tuve que esperarlo en la esquina como una hora. Cuando al fin apareció (yo estaba enojado) lo increpé e interrogué. Me dijo que en una oficina conoció a una peruana de nombre Raquel que le gustó y se quedó conversando con ella. Le respondí... "y yo esperándote acá pedazo de boludo!". Juan no me acompañó en el viaje de regreso, prefirió quedarse en Lima. Hoy en día Raquel Bedoya es la esposa de Juan; viven en Lima y tienen una hija ya grande. Ella es escribana y él se dedica a atender un restaurant. El azar hizo que tanto yo como Salomón fuéramos celestinas impensadas de ese encuentro entre Juan y Raquel.
Mario
En mi caso pasé por el Perú en febrero del 71. Yendo en tren de Cuzco a Machu Pichu conocí a un pibe peruano que me ofreció trabajo cuando llegara a Lima. Su padre era fabricante de mermeladas y las daba para la venta callejera. Dicho y hecho.
Arribé a Lima sin un peso y enfilé para la calle Napo en el barrio de Breña. Me atendió un señor muy amable de nombre Salomón, un judío alto de pelo blanco y nariz partida. Enseguida hicimos trato y al día siguiente a las 7 de la mañana me apersoné en su casa.
Eramos un grupo de unos 15 muchachos y nuestra tarea consistía en vender por las calles las mermeladas que él producía en una fabriquita pegada a su casa. Me dio un bolso con 30 tarros y partí a ganarme el mango. Entré a timbrear casas y a ofrecerlas, con buen éxito. En una hora y media ya había liquidado la partida. Me las daba a 10 soles y se podían vender a 20, todo un negocio. Con 300 soles en el bolsillo me sentía Gardel, Lepera y todos los guitarristas. Enseguida me hice canchero. Ayudado por mi parla y el hecho de ser blanco y no tener acento peruano me convertí de la noche a la mañana en un diestro vendedor de mermeladas. Vecina a la que le apuntaba vecina que caía y me compraba el tarrito; era el primer vendedor en regresar con el deber cumplido, mucho antes que los otros peruanitos.
Trabajé una semana y me fui; duré poco porque quería seguir viaje. Quedé en muy buenos términos con Salomón y recuerdo una noche me invitó a su mesa, a cenar opíparamente.
Seguí viaje y remonté todo el Perú hasta el Ecuador. Pasé por Ecuador y seguí para Colombia. Después la isla de San Andrés y Panamá. Luego el regreso a mi patria con parada técnica en Lima. Mi pobre bolsillo pedía a gritos pasar por la calle Napo y me mandé para ahí. Iba con un amigo argentino, Juan Carlos Garialde, de Junin.
El judío me recibió con los brazos abiertos y me dio un adelanto en efectivo para que pudiera paliar el hambre que me acosaba. Yo pesaba 63 kilos y no los 90 de ahora. Andaba y andaba por Sudamérica comiendo aire y respirando bifes de chorizo que no podía oler.
Salimos con Juan y liquidamos las mermeladas en menos que canta un gallo. Era diciembre de 1971 y queríamos volver a la Argentina. A los dos días le pedimos a Salomón que en vez de 30 tarros fueran 50 y aceptó gustoso. Tres horas y regresábamos con el bolsito vacío, 500 soles para cada uno. Debo decirte Jorge que en esa época un empleado bancario ganaba unos 3000 soles mensuales. En dos semanas ya fuimos ricos y nuestro patrón bendecía la bandera Argentina.
Trabajamos para él tres semanas vendiéndole 100 frascos diarios, cifra superior a la que hacían los otros vendedores todos juntos ellos. Salomón no cabía en su asombro y varias veces nos ofreció compartir su mesa; no nos quería dejar ir. Más allá de lo que le hacíamos ganar nos había cobrado afecto y nos quería como a hijos.
Sabés qué hacíamos Jorge? -nos íbamos a la entrada de un supermercado y tipo que bajaba del auto, tipo que encarábamos. "Señor, disculpe, somos dos estudiantes argentinos que estamos haciendo un viaje cultural y nos ganamos el sustento vendiendo estas ricas mermeladas de Ica, si usted fuera tan amable y nos pudiera comprar una, se lo vamos a agradecer, ya que de esta manera podremos regresar con nuestras familias para pasar la Navidad con ellos".
A los 23 años uno puede hacer cualquier cosa. Chau! -no había nadie que se negara a comprarnos las mermeladas de Salomón; vendíamos cuanto queríamos y en tres horas liquidábamos el bolso. Fue tanta la guita ganada que me alcanzó para comprar regalos para toda la familia y volver a mi patria sin hacer dedo.
Ya regresado le escribí varias veces a mi empleador y alguna vez me contestó. No me habló de las mermeladas sino de lo contento que se quedó con nosotros y que su casa era la nuestra para cuando volviéramos al Perú. Si algún día llego a ir voy a ir a la calle Napo en Breña, a saludar a los hijos; no creo que lo encuentre ya a Salomón Schneider. Mario
PD: una vez fuimos con Juan a vender a El Callao y quedamos en hacer cuadra por cuadra, él por una vereda y yo por la otra. Terminada la venta nos encontrábamos en la esquina y arrancábamos con la otra cuadra. En una de esas tuve que esperarlo en la esquina como una hora. Cuando al fin apareció (yo estaba enojado) lo increpé e interrogué. Me dijo que en una oficina conoció a una peruana de nombre Raquel que le gustó y se quedó conversando con ella. Le respondí... "y yo esperándote acá pedazo de boludo!". Juan no me acompañó en el viaje de regreso, prefirió quedarse en Lima. Hoy en día Raquel Bedoya es la esposa de Juan; viven en Lima y tienen una hija ya grande. Ella es escribana y él se dedica a atender un restaurant. El azar hizo que tanto yo como Salomón fuéramos celestinas impensadas de ese encuentro entre Juan y Raquel.
Mario
Preso en Cartagena
----- Original Message -----
From: "Jose Mario Vidal"
Sent: Saturday, November 21, 1998 7:28 PM
Subject: Cartagena
Alfred: te cuento algo. Hace pocos días un conocido me dijo que se iba de vacaciones a Cartagena de Indias, en el caribe colombiano. Inmediatamente mi procesadora interna hizo click y recordé que yo había estado en ese lugar hace ya muchos años. Entonces le mandé lo que más adelante voy a transcribir y me quedé pensando en cómo pasa el tiempo. Me vino a la cabeza esa foto tuya en la moto que Nicolas te puso en la PC y que pude ver. No se puede creer che; es algo muy loco registrar in visu (viva la fotografía!) e in situ (los pibes tienen ahora esa edad que tuvimos!) y entrar a palpar el paso del tiempo. Entre que se te cae un lagrimón y que das las gracias por haber vivido bien. Me parece que me está dando el viejaso... :-(( Mejor la corto acá y a otra cosa.
Mario
Te quiero contar algo: conozco Cartagena.
En el invierno austral de 1971 anduve por ahí con mis 23 abriles bien llevados y me pareció un lugar super bonito. Andaba de mochilero recorriendo América y recalé ahí luego de una larga travesía desde Bogotá. Digo larga porque iba a dedo y me varé varias veces. El calor era insoportable y el hambre no le iba en menos. Por esa época pesaba 63 kilos.
Un camión me depositó en Cartagena de Indias, justo frente a la muralla, donde está el reloj, ese que se ve en la película Queimada. (Tenés que mirar Queimada, con Marlon Brando jovencito, totalmente filmada en Cartagena). Tenía yo puesto un vaquero y una remera Fred Perry color azul, usaba una larga barba e iba con mi mochila a cuestas. (la mochila la sigo llevando solo que no se me nota).
Bajé del camión traspasado por el sol y por los 15 anteriores días de ayuno y caminos de tierra. Iba con un amigo también raidista. Recién ahí me di cuenta que la Fred Perry crugía al tocarla, era más tierra que tela y no cabe hablar de la prenda interior. A poco de caminar pasé por la vidriera de un comercio y me espejé en ella... casi me caigo del susto... no me reconocía. Mi barba y mis pelos eran blancos y la Fred Perry ya no era azul. Ahí me di cuenta que hacía 3 semanas que no me bañaba y casi no comía.
Dimos unas vueltas por ahí y encontramos una iglesia. Le pedimos alojamiento al cura y nos dijo que no pero ofreció para darnos un baño; lo necesitábamos y aceptamos. Cuando las gotas de lluvia empezaron a resbalarme por el cuerpo no caía agua, caía barro. No lo podía creer... era barro, lo juro. En el fondo de la mochila tenía un pantalón de hilo blanco y otra Fred Perry del mismo color, ambos sin usar desde hacía unos 6 meses. Me los puse y me sentí un gentleman aunque no tuviera un mango en el bolsillo. Con mi amigo mangueamos un poco de morfi por ahí y luego empezamos a buscar para pasar la noche.
Fuimos al depto. de Policía. Nos atendieron muy amablemente y dijeron que nos iban a solucionar elproblema. Lo hicieron. Nos obligaron subir a un destartalado patrullero y fue así como entramos a las 22 hs. a la carcel de Cartagena. Fuimos a parar a una celda que cerraron cuidadosamente con llave. A los gritos llamé a un guardian para decirle que era extranjero y que no había hecho nada. Me dijo que la cerraban con llave para seguridad nuestra. Esa noche no pude dormir; los gritos de los presos y los que traían y llevaban eran un infierno de ruidos y peleas. Fui una de las 5 noches en mi vida que me tocó dormir en una celda.
Al día siguiente hicimos dedo y nos fuimos a Barranquilla, la patria de García Marquez. Ahí tuvimos mejor suerte: nos alojamos en el cuerpo de bomberos y hasta nos dieron de comer. Dos días después tomamos un barco carguero a la isla de San Andrés pero eso ya es otra historia.
Recuerdo de Cartagena el puerto y la edificación colonial tan típica; las calles con nombres elegantes y la población de raza negra; la muralla construida para parar a Sir Francis Drake y su aire de mar. Las comidas en base a cangrejos que no pude probar y mi contento al salir de la carcel una mañana de sol. Es una ciudad elegante y calurosa, muy antigua y de cara al mar Caribe. Es muy linda Cartagena de Indias. Colombia tiene 3 ciudades sobre el Caribe norte: Cartagena, Barranquilla y Santa Marta (la que no tiene tranvía). Dicen que Santa Marta es bellísima; queda cerca de Cartagena.
Imagino con tu hijo no va a haber problemas; a su edad le basta con tener a la mami y al papi que le resuelven todo.
El Caribe es un lujo, no hay por acá un mar así. Ya por esa época me gustaba escribir y lo hacía en la forma de cartas postales. Lamentablemente no había computadoras. No llevaba diario de viaje, el diario eran las cartas que mandaba a Wilde y otros sitios 3 o 4 veces por semana. Una punta de ellas se han perdido. Otras estarán en algún desván en alguna parte del planeta.
Ese año 71 partí de Wilde un 16 de enero y regresé un 23 de diciembre. Recorrí a dedo todo América del Sur y Centroamérica. Fueron 11 meses inolvidables, tan largos como toda la vida.
Ni bien regresé me puse de novio con la madre de mis hijos y me dediqué a terminar la carrera de psicología que había dejado colgada. Luego me casé y eché anclas. Acá termina el relato. Mario
From: "Jose Mario Vidal"
Sent: Saturday, November 21, 1998 7:28 PM
Subject: Cartagena
Alfred: te cuento algo. Hace pocos días un conocido me dijo que se iba de vacaciones a Cartagena de Indias, en el caribe colombiano. Inmediatamente mi procesadora interna hizo click y recordé que yo había estado en ese lugar hace ya muchos años. Entonces le mandé lo que más adelante voy a transcribir y me quedé pensando en cómo pasa el tiempo. Me vino a la cabeza esa foto tuya en la moto que Nicolas te puso en la PC y que pude ver. No se puede creer che; es algo muy loco registrar in visu (viva la fotografía!) e in situ (los pibes tienen ahora esa edad que tuvimos!) y entrar a palpar el paso del tiempo. Entre que se te cae un lagrimón y que das las gracias por haber vivido bien. Me parece que me está dando el viejaso... :-(( Mejor la corto acá y a otra cosa.
Mario
Te quiero contar algo: conozco Cartagena.
En el invierno austral de 1971 anduve por ahí con mis 23 abriles bien llevados y me pareció un lugar super bonito. Andaba de mochilero recorriendo América y recalé ahí luego de una larga travesía desde Bogotá. Digo larga porque iba a dedo y me varé varias veces. El calor era insoportable y el hambre no le iba en menos. Por esa época pesaba 63 kilos.
Un camión me depositó en Cartagena de Indias, justo frente a la muralla, donde está el reloj, ese que se ve en la película Queimada. (Tenés que mirar Queimada, con Marlon Brando jovencito, totalmente filmada en Cartagena). Tenía yo puesto un vaquero y una remera Fred Perry color azul, usaba una larga barba e iba con mi mochila a cuestas. (la mochila la sigo llevando solo que no se me nota).
Bajé del camión traspasado por el sol y por los 15 anteriores días de ayuno y caminos de tierra. Iba con un amigo también raidista. Recién ahí me di cuenta que la Fred Perry crugía al tocarla, era más tierra que tela y no cabe hablar de la prenda interior. A poco de caminar pasé por la vidriera de un comercio y me espejé en ella... casi me caigo del susto... no me reconocía. Mi barba y mis pelos eran blancos y la Fred Perry ya no era azul. Ahí me di cuenta que hacía 3 semanas que no me bañaba y casi no comía.
Dimos unas vueltas por ahí y encontramos una iglesia. Le pedimos alojamiento al cura y nos dijo que no pero ofreció para darnos un baño; lo necesitábamos y aceptamos. Cuando las gotas de lluvia empezaron a resbalarme por el cuerpo no caía agua, caía barro. No lo podía creer... era barro, lo juro. En el fondo de la mochila tenía un pantalón de hilo blanco y otra Fred Perry del mismo color, ambos sin usar desde hacía unos 6 meses. Me los puse y me sentí un gentleman aunque no tuviera un mango en el bolsillo. Con mi amigo mangueamos un poco de morfi por ahí y luego empezamos a buscar para pasar la noche.
Fuimos al depto. de Policía. Nos atendieron muy amablemente y dijeron que nos iban a solucionar elproblema. Lo hicieron. Nos obligaron subir a un destartalado patrullero y fue así como entramos a las 22 hs. a la carcel de Cartagena. Fuimos a parar a una celda que cerraron cuidadosamente con llave. A los gritos llamé a un guardian para decirle que era extranjero y que no había hecho nada. Me dijo que la cerraban con llave para seguridad nuestra. Esa noche no pude dormir; los gritos de los presos y los que traían y llevaban eran un infierno de ruidos y peleas. Fui una de las 5 noches en mi vida que me tocó dormir en una celda.
Al día siguiente hicimos dedo y nos fuimos a Barranquilla, la patria de García Marquez. Ahí tuvimos mejor suerte: nos alojamos en el cuerpo de bomberos y hasta nos dieron de comer. Dos días después tomamos un barco carguero a la isla de San Andrés pero eso ya es otra historia.
Recuerdo de Cartagena el puerto y la edificación colonial tan típica; las calles con nombres elegantes y la población de raza negra; la muralla construida para parar a Sir Francis Drake y su aire de mar. Las comidas en base a cangrejos que no pude probar y mi contento al salir de la carcel una mañana de sol. Es una ciudad elegante y calurosa, muy antigua y de cara al mar Caribe. Es muy linda Cartagena de Indias. Colombia tiene 3 ciudades sobre el Caribe norte: Cartagena, Barranquilla y Santa Marta (la que no tiene tranvía). Dicen que Santa Marta es bellísima; queda cerca de Cartagena.
Imagino con tu hijo no va a haber problemas; a su edad le basta con tener a la mami y al papi que le resuelven todo.
El Caribe es un lujo, no hay por acá un mar así. Ya por esa época me gustaba escribir y lo hacía en la forma de cartas postales. Lamentablemente no había computadoras. No llevaba diario de viaje, el diario eran las cartas que mandaba a Wilde y otros sitios 3 o 4 veces por semana. Una punta de ellas se han perdido. Otras estarán en algún desván en alguna parte del planeta.
Ese año 71 partí de Wilde un 16 de enero y regresé un 23 de diciembre. Recorrí a dedo todo América del Sur y Centroamérica. Fueron 11 meses inolvidables, tan largos como toda la vida.
Ni bien regresé me puse de novio con la madre de mis hijos y me dediqué a terminar la carrera de psicología que había dejado colgada. Luego me casé y eché anclas. Acá termina el relato. Mario
Preso en Panamá
----- Original Message -----
From: "Jose Mario Vidal"
To: Alfredo
Sent: Wednesday, November 25, 1998 9:27 PM
Subject: Panamá
> >//me vas a tener que contar cómo y porqué fueron las otras veces que dormistes en una celda... apuntastes como 5... No sabía lo frondoso de tu prontuario...
Sí, fueron varias veces pero no quiero ni acordarme. Estimado Gran Saltamontes: Me insististe tanto que voy a pelear con la memoria y finalmente te voy a responder. Te contaré sólo una de esas 4 o 5 eternas noches. Aquí va...
Una otra vez tuve que dormir en una carcel y fue en ciudad de Panamá. Esta vez la cosa fue seria. Había llegado a Pesé, pueblo del norte de ese país en el distrito de Chitré, cercano a Santiago de Veragüas y a la frontera con Costa Rica. Fui a ver a un amigo, el Sr. Francisco Ramos Mirones, campesino y poeta.
Como no tenía ni un puto dolar él me dio alojo y comida en su vivienda. Estuve ahí varios días y recuerdo pasábamos las tardes calurosas en el atrio de su casa, sentados en cómodas reposeras y conversando sobre la vida. El sol caía a plomo y la calle de tierra acumulaba 10 cmts. de polvo. Francisco leía sus poesías y me contaba historias de brujas y aparecidos; yo por mi parte le intentaba explicar cómo era Buenos Aires.
Esas conversas terminaban siempre con un decir de Francisco (nos tratábamos de riguroso "usted") ... "es así mi amigo Mario, vea usted... qué vaina hombre... !!!". Este buen Señor era partidario de Arnulfo Arias, quien fuera presidente de Panamá. Tenía militancia política y era contrario al golpe de Omar Torrijos.
Era el año de 1971, la época en que Panamá empezaba a denunciar los tratados del famoso Canal. Recuerdo que había en toda la gente un abierto sentimiento anti-norteamericano; muchas veces caminando por las calles me gritaban "gringo go out".
A los pocos días de estar en Pesé se cometió un asesinato en alguna hacienda de las cercanías: mataron a un campesino a golpes de "coa", un manual de labranza de esa región.
Una noche -era sábado- fui con un hijo de Francisco a caminar y nos llegamos hasta la plaza principal del pueblo. En eso vimos una polvareda que se acercaba por la calle de tierra y paraba justo frente a nosotros. Era un piquete de la Guardia Nacional que sin decir agua va nos esposaba y detenía; un jeep con 3 milicos a los gritos y pelando armas. Yo solo atiné a decir que era extranjero y que quería comunicarme con el embajador argentino pero no me dieron bola.
Los tíos enfilaron directo para la casa de Francisco; se ve que lo conocían. Entraron sin golpear y lo prendieron sin darle tiempo a nada. Requisaron la casa y se llevaron un grabador y una pila de cartas que estaban arriba de una mesa: eran las mías. Vieron un retrato de Arnulfo Arias colgando de la pared y uno de ellos dijo... "ese bribón ..." Lo bajaron al pibe y en el jeep descubierto nos llevaron esposados a Chitré.
La situación era muy dura y desconcertante. Mi amigo intentaba protegerme y explicar algo pero era inutil ya que los milicos cumplían órdenes.
El jeep transitó 20 kmts. por caminos de tierra, de noche, entre plantaciones de bananos, hasta llegar a Chitré. Yo invocaba por el embajador argentino, un milico hijo de puta que después me dio trabajo y no me pagó.
Fuimos a parar a la carcel. Francisco estaba en la celda de al lado y pude conversar con él un poco. Era una celda común con un camastro y una bacinilla... fue una noche de mierda sin saber qué pasaba y no pude pegar un ojo.
Recuerdo que me entretenía evocando la calle Corrientes y los amigos de Buenos Aires, mi perra y mi cama de Wilde. Yo en prisión y sin saber de qué se me acusaba... ???
A eso de las 5 de la mañana nos golpearon la puerta de rejas: alguien había traído comida; era Petra, la esposa de Francisco. Había caminado toda la noche los 20 kmts. que separaban Pesé de Chitré. Comí arroz mechado con habas (por esa época de mi vida comer era un azar y lo aceptaba así).
A las 7 de la mañana un milico me sacó y tuve que ir a prestar declaración. No me quitaron las esposas. Escritorio de por medio el sargento tenía todas mis cartas en la mano y ya las había leído. Por las preguntas que me hacía me di cuenta que se trataba del asesinato y me quedé más tranquilo: no eran cuestiones políticas. Me dijo que se veía obligado a mandarme a la capital del país.
A las 8 de la mañana subimos esposados a un micro de línea con un guardia armado acompañando. Me sentía un delincuente, un miserable reo de muerte; era todo tan feo que no podía ni hablar. La buena de Petra se había quedado en Chitré y llorando nos decía adios. Divina esa Petra! (era iletrada, padecía de bocio y su cuello era un maremagnum...).
Y allá nos fuimos con Francisco, ambos esposados y mirando obligadamente el paisaje del norte de Panamá, medio resignados a nuestra increíble mala suerte. Nos llevaron al Depto. de Policía, lo que es allá la Guardia Nacional. Ni bien llegados me quitaron las esposas y tuve que padecer un muy largo interrogatorio. Supe que el embajador argentino ya estaba al tanto de lo que pasaba con el ciudadano Jose Mario Vidal.
A eso del mediodía nos soltaron y nos fuimos silbando bajito a casa del negro Chabelo, un pariente de Francisco que había sido Ministro de Educación y vivía en Betania, una urbanización de los alrededores. Francisco le pidió plata y con eso pudimos comer algo y regresar a Pesé.
Viajamos ya de noche y el micro nos dejó en Chitré a eso de las 23 horas. Francisco me dijo que ya no había movilidad y solo quedaba caminar. Le dije: caminemos... y caminamos los 20 kmts. bajo una hermosa luna llena bordeando plantaciones de caña de azucar. A mitad de camino Francisco arrancó un pedazo de caña y me dijo que convenía masticarla. La luna iluminaba el camino. Es muy lindo el sabor de la caña cuando uno está cansado de andar.
Se hicieron las 2 y las 3 y las 4 de la madrugada y caminábamos entre las plantaciones de regreso a casa. A eso de las 5 y con un brutal cansancio a cuestas divisamos una loma. Francisco me dijo que detrás de esa loma estaba Pesé. Apuré el paso y luego miré para atrás: lo vi montado en un burro. Juro que lo vi y que levanté mi mano para increparlo por la diferencia: yo a pie y él cómodamente subido a una jaca. La visión duró dos segundos y de inmediato me di cuenta que el cansancio y el stress me estaban jugando una mala pasada: fue una alucinación, la única que tuve en mi vida. Bajamos la cuesta y llegamos a su casa.
La despertamos a Petra que saltaba de contenta y nos fuimos a dormir. Al día siguiente volvimos con Francisco a conversar la tarde en las reposeras del porche de su casa. Me dijo... "Usted no se va a olvidar nunca de Panamá... es así mi amigo Mario... qué vaina hombre ... !!!". Mario
PD: pocos días después regresé a ciudad de Panamá y me alojé en casa de Chabelo unos 15 días. Después emprendí el regreso a mi patria.
El Che Vidal
La Plata, 4 de febrero de 1999
Querido Dani: hola!
A propósito de una carta recibida desde Cuba, esa donde me decías que tu viejo me decía "el Che Vidal" recordé algunas cosas que tenía olvidadas y que en su momento yo supe contarle. Ultimamente parece que sólo vivo de recuerdos y espero pronto se me pase y vuelva a apuntar hacia adelante.
Anduve desde los 17 años de mochilero por toda la Argentina y países vecinos. Cada fin de semana por medio agarraba mi bolsito y disparaba a traquetear los caminos. Con una facilidad hoy día asombrosa me iba a Las Cuevas, pasaba a Chile y regresaba en dos días. O tocaba Reconquista, Asunción del Paraguay y vuelta. Las veces que me fui a pasar un fin de semana a Córdoba son incontables: nunca supe por qué pero el paisaje serrano me tiraba más que una yunta de bueyes (vos me entendés). En esa época era facil viajar a dedo; solo había que saber cebarle mate a los camioneros.
En 1971, a los 23 años, decidí ampliar mis fronteras. Agarré mi bolsito de lona cuadrillé, metí un par de calzoncillos, 2 remeras, varios libros e innumerables mapas. Completé con zapatos de repuesto y una mantita; pelpas y lapicera. Ese era todo el equipaje; de guita ni hablemos.
Tren a Constitución; tren a El Talar; micro hasta la Ford de Gral. Pacheco sobre ruta 9 y de ahí en más a dedo. Al día siguiente ya estaba en Mendoza y al otro en Santiago de Chile. Era la época de Salvador Allende y me alojé en la Federación de Estudiantes Universitarios. Me dieron un pupitre en un aula magna para apolillar. Estuve ahí dos semanas y cambié de domicilio varias veces. Luego continué viaje hacia el norte y crucé al Peru.
Sería interminable relatar todo ese viaje, que duró un año, así que la corto y voy al grano. Contar eso sería más largo que un almanaque.
Estando en La Paz conocí a una chica un poco mayor que yo. Hablábamos con ella de temas revolucionarios, cosa fecunda en esa época. Queríamos cambiar el mundo a rajatabla. Yo venía de hacer agitación izquierdista en Colombia y Ecuador junto a dos mochileros, un argentino de Junin y el otro uruguayo Tupamaro (ésto jamás se lo he contado a nadie; sólo tu padre lo sabía).
Un día la chica me dijo: "te espero mañana a las 10 hs. en mi casa; vamos a ir a dar una vuelta". Me llevó al cementerio de La Paz y nos sentamos a hablar sobre dos tumbas. Me dijo: "siéntate ahí" y me senté. Ahí me contó que ella había estado con el Che una punta de veces mientras preparaban la guerrilla junto a los hermanos Peredo (el Inti, el Coco y el Chato). Al Che lo habían matado en Las Higueras hacía unos dos años atrás y los Peredo también estaban bajo tierra. La tumba sobre la que me hizo sentar era donde se sentaba el Che.
Recuerdo haberle contado a tu viejo por carta este mismo fragmento de ese muy largo viaje por América Latina. El siempre me respondía a poste restante anticipándose a mi llegada. Creo haberte contado que cuando me quedé varado en una isla del Caribe me mandó un giro. A raíz de mis andanzas el tío me llamaba como vos recuerdas y eso me hacía gracia. Lamentable o afortunadamente no soy el Che Guevara. Mario
