Acerca de mí

- Nombre: Mario Vidal
- Ubicación: La Plata, pcia. de Buenos Aires, Argentina
Links
Archives
Breves relatos de un viaje que hice por América Latina a dedo durante todo 1971, escritos más de 30 años después.
10.1.08
Chile - Cuzco - Lima - (1971)
LP 24 de diciembre de 2007
Hola Alfredo. Han pasado unos 1000 años o tal vez unos pocos 38 desde la última vez que nos vimos allá por las montañas peruanas. Soy MARIO VIDAL, aquel flaco de barba que junto a Valín Cerimedo, José Luis Gagna, vos y algunos otros, tratábamos de conocer la América india viajando a dedo.
Hola Alfredo. Han pasado unos 1000 años o tal vez unos pocos 38 desde la última vez que nos vimos allá por las montañas peruanas. Soy MARIO VIDAL, aquel flaco de barba que junto a Valín Cerimedo, José Luis Gagna, vos y algunos otros, tratábamos de conocer la América india viajando a dedo.
Es este un primer mail para establecer contacto de manera que por ahora no me voy a extender. Me dio tu dirección e-mail Ruth Schenkel, con quien suelo hablar por teléfono, mucho más ahora que anda severamente complicada de salud. Te paso mis datos para que te contactes y podamos seguir hablando. Mario
/////////////////////////////////////
alfredo jaime <> escribió:
Fecha: Thu, 27 Dec 2007 09:28:44 +0000 (GMT)
De: alfredo jaime <>
Asunto: vaya....vaya
A: glostora47@yahoo.com.ar
Querido Mario, aún no salgo de mi sorpresa, quiero decirte tantas cosas que será imposible hasta que no me recupere.
Me parece mentira que después de algún par de años, como tu dices, podamos contarnos alguna que otra cosa; a pesar del tiempo transcurrido te recuerdo perfectamente, recuerdo el timbre de tu voz, tu dirección en Buenos Aires, que si la memoria no me falla y el alzheimer me lo permite era calle monte 81, Wilde, Avellaneda. recuerdo tu casa, tu hermana Susana de quien perdí la pista en Italia, recuerdo a Balin y a Gagna, los recuerdo como los que por mucho tiempo ocuparon un sitio en mis lugares de tertulia ya que salían las anecdotas a borbotones y los daba a conocer a mis otros amigos, en fin que solo quiero que sepas que nunca me olvidé de tí, y que me alegra muchísimo que vuelvas a mi presente.
Un besote muy grande para tu familia y espero que todo nos vaya bien, a tí y a los tuyos, a mí y los mios.
Luego te escribiré contándote un par de cositas...espero que nos veamos pronto...dentro de los proyectos está, que, con Pilar mi esposa, vayamos a Argentina en Mayo, hemos de hacer unas gestiones en Córdoba.
Te habrá contado Ruth que fuimos a verla a su casa fué un viaje muy bonito y de ella, como siempre, aprendí un montón de cosas.
Bueno muchachote que tengas un muy buen año en compañía de la familia.
Recibí las fotos son hermosas y estáis muy guapos.
Un besote para todos. Alfredo
//////////////////////////////////////
/////////////////////////////////////
alfredo jaime <> escribió:
Fecha: Thu, 27 Dec 2007 09:28:44 +0000 (GMT)
De: alfredo jaime <>
Asunto: vaya....vaya
A: glostora47@yahoo.com.ar
Querido Mario, aún no salgo de mi sorpresa, quiero decirte tantas cosas que será imposible hasta que no me recupere.
Me parece mentira que después de algún par de años, como tu dices, podamos contarnos alguna que otra cosa; a pesar del tiempo transcurrido te recuerdo perfectamente, recuerdo el timbre de tu voz, tu dirección en Buenos Aires, que si la memoria no me falla y el alzheimer me lo permite era calle monte 81, Wilde, Avellaneda. recuerdo tu casa, tu hermana Susana de quien perdí la pista en Italia, recuerdo a Balin y a Gagna, los recuerdo como los que por mucho tiempo ocuparon un sitio en mis lugares de tertulia ya que salían las anecdotas a borbotones y los daba a conocer a mis otros amigos, en fin que solo quiero que sepas que nunca me olvidé de tí, y que me alegra muchísimo que vuelvas a mi presente.
Un besote muy grande para tu familia y espero que todo nos vaya bien, a tí y a los tuyos, a mí y los mios.
Luego te escribiré contándote un par de cositas...espero que nos veamos pronto...dentro de los proyectos está, que, con Pilar mi esposa, vayamos a Argentina en Mayo, hemos de hacer unas gestiones en Córdoba.
Te habrá contado Ruth que fuimos a verla a su casa fué un viaje muy bonito y de ella, como siempre, aprendí un montón de cosas.
Bueno muchachote que tengas un muy buen año en compañía de la familia.
Recibí las fotos son hermosas y estáis muy guapos.
Un besote para todos. Alfredo
//////////////////////////////////////
La Plata - 30 de diciembre de 2007
Esa! es la que quería! ... JA! ... dar con vos querido y nunca olvidado Alfredo Jaime !!! Gracias a Ruth hemos podido reencontrarnos luego de tantos años -exáctamente 36: desde 1971- y agradezco a la vida el haber podido hacerlo. Esto me pone requetecontento.
Algo iba sabiendo de vos cada tanto, cada tantos largos años, por via de Ruth cuando la llamo, que ahora lo hago más seguido pero en otras épocas era para el 13 de abril -día de su cumpleaños- o para fines de años.
Te he buscado en Internet, tanto a vos como a José Luis Gagna, pero sin lograr nada. Cada tanto recuerdo aquel célebre año cuando recorrimos América Latina juntos y repaso con la memoria las peripecias habidas, con tanta nostalgia como gusto por hacerlo.
Iba desde Buenos Aires rumbo a Mendoza cuando un camión me dejó un día en la afueras de la ciudad de Córdoba, en una garita para esperar colectivos; por ahí nomás había una fábrica de cemento de nombre Minetti. Ahí me encontré con dos mochileros cordobeses; uno que me llamó la atención, de camisa blanca y corbata -ese era José Luis !!!- y el otro uno alto de vaquero y remera blancos, todo de blanco; y ese eras vos Alfredo !!!
De ahí en más seguimos todos juntos, pasamos por Mendoza, nos encontramos con dos brasileros (uno se llamaba Juracy, con acento en la y, nombre que significaba "florecilla de los campos" en portugués), paramos una noche en Las Cuevas cagados de frio, en un hotel abandonado que se había quemado; cruzamos Los Andes, bajamos del otro lado y fuimos a Santiago, nos quedamos unos 10 días ahí parando en la Federación de Estudiantes Univ. Chilenos (Recuerdo a Gagna tocando el piano en un sitio muy bonito que era de la embajada argentina) y luego empezamos a remontar el Chile de Salvador Allende hacia el norte pasando por Valparaíso, La Serena, Copiapó, Antofagasta y etc. hasta Iquique y Arica. Creo que el viaje cruzando el inacabable desierto de Atacama (unos 2000 kmts. aprox.) lo hice con vos Alfredo, en un camión/colectivo de transporte de mercaderías.
También se me viene a la cabeza el parate que tuvimos en Copiapó donde estuvimos varados un par de días porque no nos levantaba nadie. Gagna tiraba dedo con camisa y corbata, JA! yo me descostillaba de la risa al verlo así vestido. De a poco me fui enterando que era un muchacho muy culto, sabedor de idiomas, que había trabajado en la OIT en Ginebra un par de años, concertista de piano y una pila de cosas más; formal y cultísimo él.
Ya en Perú iba con vos caminando las calles de Arequipa y me encontré sorpresivamente con Balín (Osvaldo Cerimedo), un compañero mio de estudios en La Plata, que se unió al grupo. De Arequipa conservo una anécdota graciosa: en un momento vos me decís en perfecta tonada cordobesa "Te has fijao che porteño que aquí todas las calles se llaman igual... Oneeee Waaaaay".
Después nos fuimos en bus a Juliaca; esa noche de tanto frio y lluvia dormimos en el hospital, en camas gentilmente cedidas por el director, y más luego, al día siguiente y en tren llegamos a Cuzco. Conocimos la ciudad y también la conocimos a Ruth, que andaba haciendo turismo.
En Cuzco nos pasaron varias cosas. Ya no recuerdo dónde parábamos aunque sí todas las maravillas que pudimos ver y conocer, desde Sacsahuamán a la Plaza de Armas, desde la piedra de los 12 ángulos a las fastuosas iglesias de franciscanos, domínicos y jesuítas; la célebre custodia plagada de joyas y todas las obras de arte tanto incaicas en piedra como coloniales españolas en orfebrería de madera, oro y plata. También nos pasó algo que voy a contar aquí. Debido a la falta de metal nos manejábamos con sumo cuidado en cuanto a los gastos; digamos que estábamos imbuidos de una cierta mística rateril que nos caracterizaba. Por ese motivo siempre buscábamos lo más barato para pernoctar y comer.
En Cuzco -y en otras ciudades- solíamos ir a comer al mercado público, a esos puestitos de mala muerte donde por monedas te daban un plato de sopa o unas papas o choclos. Un día estábamos almorzando en la barra de uno de esos puestitos y vimos que el tipo que estaba sentado al lado pedía una sopa y le agregaba una pizquita de unos morrones que había puestos en la barra en un platito. Copiando pedimos una sopa, y también copiando vos Alfredo tomaste medio -no una pizquita sino medio- de esos morroncitos, lo metiste en la sopa, revolviste y a la primera cucharada te mandaste el morrón para adentro. Lo que yo recuerdo -yo, que estaba al lado tuyo con mi sopa- fue que te levantaste de repente, que querías hablar o gritar y no podías, que tenías la boca abierta, que agitabas los brazos como queriendo decir algo, que comenzaste a transpirar copiosamente y que saliste corriendo. Salí corriendo atrás tuyo sin poderte alcanzar hasta que frenaste, mismo dentro del mercado, donde un tipo que vendía Coca Cola o unos refrescos parecidos; prácticamente le arrebataste una gaseosa de la mano y te la mandaste hasta el final de un sólo trago. Cuando pudiste empezar a hablar me di cuenta que había sido el morrón, ese terrible y poderoso morroncito chille peruano del cual ese tipo ya curtido y acostumbrado había puesto en su sopa solamente una pizquita.
Tren a Machu Pichu. En el viaje conocimos a unos peruanitos, dos hermanos, cuyo padre -Salomón Schneider- fabricaba mermeladas en Lima, un hombre que luego nos iba a dar trabajo. Bajamos antes de llegar a Cuzco, en la represa hidroeléctrica. Cruzamos el rio Vilcanota (Vilcanota o Urubamba), que corría caudaloso y arrastraba árboles y piedras grandes como autos, por un puente de soga colgante incaico que daba miedo. Ya del otro lado empezamos a subir la montaña, todo el trayecto bajo lluvia torrencial, calados hasta los huesos.
Seguíamos las indicaciones de un plano casero que llevaba uno de los peruanos. Subiendo por ese caminito cortado a pique sobre la ladera de la escarpada montaña bordeando el precipicio pronto llegó la niebla; más luego se disipó y resultó que habíamos atravesado las nubes hasta pasar del otro lado hacia arriba.
Nunca paró de llover torrencialmente. En un momento el camino inca se bifurcaba; el plano decía que había que tomar hacia la izquierda. Luego de unas tres horas de marcha hicimos la entrada triunfal a Winay Huaina, ruinas que en esa época, en ese año de 1971, estaban intactas, no habían sido tocadas ni "trabajadas" para el turismo. El único vestigio humano moderno era un destartalado cobertizo de madera y techo de paja que alguien había levantado contra una rincón de paredes incaicas en forma de letra L.
Seguíamos las indicaciones de un plano casero que llevaba uno de los peruanos. Subiendo por ese caminito cortado a pique sobre la ladera de la escarpada montaña bordeando el precipicio pronto llegó la niebla; más luego se disipó y resultó que habíamos atravesado las nubes hasta pasar del otro lado hacia arriba.
Nunca paró de llover torrencialmente. En un momento el camino inca se bifurcaba; el plano decía que había que tomar hacia la izquierda. Luego de unas tres horas de marcha hicimos la entrada triunfal a Winay Huaina, ruinas que en esa época, en ese año de 1971, estaban intactas, no habían sido tocadas ni "trabajadas" para el turismo. El único vestigio humano moderno era un destartalado cobertizo de madera y techo de paja que alguien había levantado contra una rincón de paredes incaicas en forma de letra L.
Ahí pasamos al noche, a cubierto de la lluvia, apretujándonos unos a otros para poder combatir el intenso frio, tapándonos con lo poco que llevábamos puesto y alguna manta que alguien sacó de su mochila. Eramos unos 12: Alfredo Jaime y José Luis Gagna de Córdoba, dos peruanos de Lima -Efraín Schneider y su hermano, otro -uno algo gordito y de anteojos- de El Callao, una pareja de suecos y/o de norteamericanos que también conocimos en el tren y se acoplaron a nosotros, Ruth Schenkel, yo y... y ya no me acuerdo más.
Esa noche y antes de ir a dormir paró un poco de llover y "salimos afuera", nos sentamos en unas piedras, se hizo un silencio grupal espontáneo y nos quedamos todos contemplando la luz de la luna bañando esas misteriosas ruinas enclavadas en lo alto de los Andes peruanos, a algunos kilómetros de Machu Pichu. Recuerdo ese momento como si lo estuviera viviendo ahora Alfredo... nadie hablaba, era de noche, la luna clareaba ambas terrazas con la escalerita de unos cien metros que las comunicaba. El único ruido era el de una caída de agua que estaba cerca y que luego de cientos de años seguía llenando unos piletones de piedra cavada vertiendo el agua en uno y en otro y en otro, así hasta la ciudadela de más abajo. Parecía que en cualquier momento se fueran a levantar los incas a preguntarnos qué estábamos haciendo ahí... Yo me sentía un extranjero, casi un profanador, ladrón en la noche, un usurpador de poca categoría.
Al día siguiente temprano salí a recorrer ambas ciudadelas y vi que la de más abajo terminaba en una pieza (ya sin techo) en ángulo agudo con una ventana que daba hacia el precipicio. Desde ahí se podía contemplar el valle del Urubamba a vuelo de avión o mejor dicho de cóndor; allá abajo y muy a lo lejos corría aquel embravecido y tumultuoso rio: yo lo veía chiquito, muy chiquito, tal como desde ese mismo lugar lo habían contemplado los incas 500 años antes.
Ahí mismo vi que una pared se había caído parcialmente y una piedra que al caer había roto su punta; esa punta, del tamaño de la palma de una mano, había quedado ahí tirada, a un metro de la piedra. Me la traje y hoy la conservo en mi consultorio de psicólogo; es una de mis reliquias arqueológicas, una de las preferidas porque solamente yo sé de dónde salió, de dónde viene. Es granito incaico y está tallado por ellos; tiene dos perfectos "bombé" apreciables a la vista.
Ese mismo día nos fuimos de Winay Huayna. Desandamos el camino hasta la bifurcación antes mencionada y tomamos el otro camino, el de la derecha. Esos senderos incaicos ya abandonados eran increíbles... a veces, más que tallados, estaban arrancados a la ladera vertical de piedra; otras serpenteando selva, roca y selva, siempre allá arriba, muy arriba, donde anidan los cóndores, donde cuesta respirar.
De Winay Huaina a Machu Pichu tardamos unas tres o cuatro horas de caminata. A veces en los costados del camino, en la roca, había agujeros totalmente tapados por telas de araña, con la entrada en el medio; me daban miedo, pensaba qué animal o terrible araña moraría ahí dentro, capáz de tejer semejante tela con semejante agujero. Afortunadamente nunca salió ninguna... Ibamos pisando unos estratos varias veces centenarios de hojas y ramas de los gigantescos árboles que crecían salvajes y nunca nadie había talado; caminábamos sobre un colchón empapado por las lluvias y respirábamos un enrarecido y muy húmedo y muy puro aire propiedad de los antiguos incas ya marchados.
En ese camino sucedió algo digno de mencionar y ésto te comprende a vos Alfredo. Cuando salimos de Winay Huayna y entramos a la selva uno de los peruanos dijo que era conveniente que marchara yo adelante y que detrás mio vinieras vos; luego el resto de la comitiva. Nadie preguntó nada y así lo hicimos. En un momento de la marcha me detuve ya que detrás mio empecé a escuchar gritos. Me doy vuelta y te veo a vos Alfredo gritando y zapateando... Desando rápidamente el camino y me entero de lo sucedido: había saltado un víbora y te había tirado un tarascón que pegó en tu bota y te la dejó marcada. Enseguida el peruano nos explica que cuando se marcha así por la selva suelen saltar víboras y atacan, pero con una particularidad: no atacan al primero de la fila sino al segundo. Yo iba en sandalias; vos tenías botas de cuero de media caña. Entre la sapiencia de ese peruano y tus botas me salvaron la vida.
Andando y andando llegamos hasta unas escaleras muy empinadas que era difícil subir debido a la distancia entre los escalones: el triple de altura de las que usamos nosotros ahora. Supimos que era una medida defensiva: las hacían altas para que a un posible enemigo le fuera difícil y lento subirlas. Obviamente era escalera de piedra incaica, que a esa altura de andar por el Perú ya distinguíamos bien entre lo que era incaico y lo que no. Trabajosamente y levantando bien las jóvenes rodillas llegamos hasta arriba. Eso era para pegar un grito... desde ahí arriba se contemplaba allá abajo entera y majestuosa la ciudadela de Machu Pichu.
Bajando entramos a Machu Pichu por detrás. Estuvimos ahí varias horas recorriendo todo y finalmente bajamos caminando por la senda serpenteante al apeadero del tren que nos conduciría nuevamente a Cuzco. Allá arriba en las ruinas tampoco paró nunca de llover, y llovía a baldazos. Creo que esa estación del tren se llama Aguas Calientes. En 1971 era solamente un apeadero y no había casas ni comercios; me han contado que hoy en día -turismo mediante- es casi una ciudad.
En el viaje de regreso nos iba a tocar pasar una situación que no estaba en nuestros planes. Tomamos el tren al atardecer y pronto se hizo de noche; en nuestro vagón éramos casi todos mochileros y reinaba una gran algarabía. Chucuchucu! chucuchucu! el tren se deslizaba por el valle del rio Urubamba mientras afuera llovía torrencialmente y a medida que caía la noche el frio era cada vez más inconsolable. En eso y siendo aprox. las 11 de la noche el tren se detiene y se apagan las luces; esperamos un rato y otro rato y otro rato hasta que alguno dice "ya hace una hora que estamos parados; voy a salir a ver qué pasa..." Cuando volvió fue para informarnos que salvo nuestro vagón, la lluvia y la oscuridad, ahí afuera otra cosa no había. Por motivos que desconocíamos habían desenganchado nuestro vagón y nos dejaron varados en medio del valle sagrado de los incas, tan solos como cuando llegamos al mundo...
Nadie vino luego a buscarnos, de manera que nos preparamos para pasar la noche dentro del vagón a oscuras. Hay! el frio! ... no había cómo combatirlo... algunos, con generosidad, compartieron alguna bebida alcohólica que llevaban, tipo grapa y parecidas, pero se acabaron pronto. Recuerdo que nos apiñamos de a dos, en el piso, debajo de los asientos, bien pegaditos como para compartir un poco el calor de los cuerpos, y así tratamos de dormir o de pasar la noche. Era un vagón de madera antiguo, con chisguetes y correderas de viento por todos lados. Fue una noche realmente tortuosa, de fantasmas incaicos y broncas ferroviarias.
A la mañana siguiente ni bien comenzó a clarear dejamos el vagón y caminamos por el costado de las vias hasta llegar a una bajadita que seguramemte conduciría a alguna parte. Tuvimos suerte porque llevaba a un villorio de pocas casas donde había un pequeño barcito al que entramos para tomar algo caliente. Luego, de alguna manera que no recuerdo, seguimos camino hacia Cuzco.
Dejamos Cuzco luego de haber estado en esa una semana o un poco más. Pusimos proa a Lima pasando por Nazca, Ica y Pisco, todo a dedo. En Lima yo tenía un contacto: Alberto Cisneros, cuyo padre tenía una carpintería en el jirón Zepita a media cuadra de avenida principal La Colmena. Luego de Machu Pichu y Cuzco se me pierde el rastro de Ruth, a quien ya no visualizo en Lima. Fuimos a parar al altillo de la carpintería, donde había una cama doble y pudimos dejar los bártulos; el padre de Alberto nos dio una llave, de manera que nos podíamos manejar con cierta independencia. En Lima tampoco te visualizo a vos Alfredo, en cambio sí a José Luis Gagna y a Balín.
Bueno, voy a dar por finalizado (o mejor dicho interrumpido) aquí este relato a vuelo de pájaro; con tiempo y ganas en otro momento lo seguiré. Te mando un abrazo Alfredo, mandame fotos tuyas y escribime; que el año entrante el sol nos ilumine y el viento nos siga acariciando. Mario
PD: tenés muy buena memoria: mi dirección en Wilde era Monte 81.
PD: si venís por acá en mayo quiero verte, si es preciso viajo yo a Córdoba; o se vienen a mi casa, que es la casa de Ustedes en La Plata, a disposición.
PD: mi hermana Susana se casó con un italiano y ahora vive en Bariloche desde el año 2000.
PD: estoy muy apenado por la situación de salud de Ruth; espero pueda superar este mal trance.
